sábado, 7 de octubre de 2017

ARIEL O EL TERRENO DESCONOCIDO DE LA INFANCIA por Angélica Panes

ARIEL O EL TERRENO DESCONOCIDO DE LA INFANCIA 


por Angélica Panes



ARIEL (o los ecos en mi garganta), publicado por Editorial Itinerante, 2012, del poeta Alexander Correa es un poemario que nos va enroscando la lengua, lucha con el tempo de unos versos espiral. Que presenta, además cierto erotismo de/en el lenguaje, analogías especulares y una serie de intertextos  que señalan referencias poéticas (Plath, Ilabaca).
Pero este poemario es, también, asistir a una conmovedora apelación para ingresar en el terreno desconocido de la infancia.  Desconocido cuando nos sacamos las antiparras adultocéntricas y vamos a tientas descubriendo al ser-niño que envuelve y desenvuelve su lengua, su tacto, su cuerpo en la relación con el mundo.  Dejar de lado entonces al niño-normado y descubrirlo en su curiosidad, en su amor, en su placer.
En este poemario el sujeto enúnciate se sabe niño, se sabe delito y esto abre la puerta a pensar desde dónde se construye la imagen de la primera juventud (pubertad o pre-adolescencia, adolescencia, juventud). Quiénes son y qué siente o piensan esos “niños” es una pregunta recurrente. Recurrente también la construcción desde la adultez que norma lo que son o deben ser  (e incluso lo que creen ser) estos sujetos. Desde ese lugar entonces, leo este poemario y trato de esbozar esta reflexión.
Pienso en esta relación entre el sujeto enunciante (menor, 17 años, niño, púber, joven, delito) y Ariel, “sus años”, ese estado incierto y mayor.
Una relación donde se subvierten los roles establecidos, donde Ariel es llevado por este púber hacia un mundo y lenguaje nuevo, una relación que muchas veces quiere someter al adulto, quien se deja llevar de la mano, y donde se menciona la idea del delito, de ser algo incorrecto (ante quién, incorrecto para quiénes) pero a modo de juego (la experiencia lúdica o esencial aprendizaje)
El texto invita, entonces, a preguntarse por la infancia. Por todo aquello que vienen a definir qué es, hasta cuándo se es, niño o niña. Sabemos que una forma de delimitar este espacio tiene relación con el desarrollo biológico del sujeto. Maduración de las glándulas reproductoras, listos para procrear. Ingreso en la vida adulta entonces. Pero esto no basta. Puesto que el tránsito de la niñez a la adultez ha ido levantando un puente a lo largo del tiempo y así nos encontramos con la pubertad, la adolescencia hasta los 18 años (aproximadamente) o la mayoría de edad legal. Y ese puente como terreno incierto y susceptible de disputas sobre lo que es o debe ser esta etapa.
Ariel entonces como un texto que hace pensar en ese puente, en ese tránsito, que tensiona las concepciones que se tienen sobre él. Se alza como un contra-discurso que valida al cuerpo que iniciado, fuera de la idea de niño-normado, va re-creando su realidad, de lenguas enroscadas y dobles (el retombé) que articulan sus juegos, alejados de la perversidad o corrupción capitalista de la primera juventud.

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